María Luisa de la Espada y Llanogrande (Palmira).
Entre 1556 y 1559 en las tierras de los indios Auji y Chinche, en pleno páramo se fundó Buga. Se ubicó en un lugar estratégico que permitía el paso entre los valles del río grande de la Magdalena, el del río Caucayaco y el puerto de la Buena ventura. El 4 de marzo de 1570 la ciudad se trasladó a la orilla del río piedras, porque algunos dicen que el vocablo Bu-ga significaba río piedras y otros han dicho que eran dos palabras aborigenes que describían ciertas necesidades fisiológicas que los indígenas hacían aguas arribas de las bocatomas, para vengarse de los oprobios de los recién llegados.
Los españoles debieron trasladar el incipiente poblado porque eran constantemente asediados por los indígenas Pijaos; en el lugar quedó un fuerte y en él se quedó Doña María Luisa de La Espada. Ella subió al páramo con las huestes del Capitán Diego de Bocanegra quien se dedicó a perseguir y a "pacificar a los indios" . En la cumbre de la cordillera descubrieron las indias más hermosas que encotrarsele pueda y por eso lo denominaron Páramo de las Hermosas. Quiso María Luisa quedarse en el fuerte para que los indígenas de la encomienda cultivaran trigo, para adoctrinarlos en la fe cristiana y quizás para que no sucumbieran por el filo de una espada.
Han dicho algunos que ella entro en amores con un cacique de los Chinches y que por eso la mataron los suyos. Otros dijeron que fueron los mismos nativos los que la asesinaron. Lo que si es muy cierto es que testó haber visto el Cristo Milagroso de Buga sudar aceite. Dicen otros que se murió de vieja en una vetusta casa del centro del pueblo que fue fundado cuatro veces.
Lo que también es muy verdadero es que fue ella quien, mientras descendía de la encomienda atisbó el inmenso valle que desde el río hasta el piedemonte se extendía, a esa planicie la llamó Llanogrande, eran parte de sus tierras que se extendían desde Caloto (Río Bolo) hasta Buga y Calima.
Me consta, por lo he visto y oído que su espectro fantasmal lo han visto deambular por el cañón de Chinche por las calles de Buga y Palmira y que incluso la han visto con su rostro cadavérico llegar hasta una pequeña cascada cerca de la hidroeléctrica del Lago Calima, descender de su caballo negro de ojos incandescentes y herraduras de oro y simular un baño y asustar a quien la pudiera ver con sus vestidos de velo blanco.
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