EL CENTENARIO DE PALMIRA 1924.

OBRA GANADORA DEL TERCER PUESTO XII CONCURSO CRÓNICAS DE PALMIRA. CAMARA DE COMERCIO 2001. OBRA PUBLICADA EN EL LIBRO XI Y XII CONCURSO CRÓNICAS DE PALMIRA. CAMARA DE COMERCIO.

Por: Denys J.

El Centenario

“Comisiónese a los Srs. Rafael A. Velasco y Luis Carlos Velasco para que desde ahora, vayan recogiendo todos los documentos relacionados con los festejos del Centenario, a fin de llevar a cabo la publicación que perpetúe la manera como la presente generación ha sabido conmemorar tan fausto suceso”

Oficio # 18. Junta del Centenario. Acta # 4. 18 de marzo de 1924

 

Cien años después, al escucharse las ráfagas de fusileria disparadas al alba del miércoles 25 de junio 1924, los palmiranos  habrían de rememorar aquel día, cuando en el Palacio presidencial de la fría Santafé de Bogotá, el primer Vicepresidente de la Gran Colombia, General Francisco de Paula Santander y Omaña, sancionó  la ley 156 del 25 de junio de 1824,  promulgada dos días antes por el Tercer Congreso Constitucional de la Republica, dando así vida al Cantón de Palmira, perteneciente a la provincia de Popayán, capital del Departamento del Cauca, uno de los 12 departamentos creados por la misma ley.

En aquella época, el naciente municipio de la Villa de Palmira estaba conformado por la viceparroquia de Yunde y las parroquias de Pradera y Candelaria. El poblado de la cabecera municipal se había empezado a gestar desde antes de 1773, cuando Los Presbíteros Gregorio de Saa y Rengifo y Juan Barona pactaron la donación y venta de unos lotes, alrededor de la capilla de Nuestra Señora del Rosario del Palmar, surgiendo así la primera urbanización, constituida por chozas y casas de adobe y techos  pajizos, de las cuales en 1824 aun existían algunas; de las 237 casas que formaban Palmira aun  pervivían unas cuantas en 1924, entre ellas la de Don Carlos Becerra Cabal, en la cual se hospedó, en una de sus visitas, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacio Ponte Blanco, libertador de cinco naciones y novio de Paula García, una palmirana, que vivía en una vieja casona de mitad de cuadra de la calle 13 con carrera 3ª ( hoy calle 31 con 31); calles que hacían  parte de los barrios La Factoría, construido en los alrededores de la Factoría de Tabacos, en tierras de Maria Josefa Sánchez de Hoyos, loteado por su hijo Antonio Castro, Colector de diezmos, Juez y Procurador Municipal, y sobrino carnal de Pedro Antonio Sánchez de Hoyos, Factor de la Renta de Tabacos y dueño de las tierras contiguas al barrio. Barrio Nuevo, edificado en tierras del Señor Roque Figueroa, tratante de esclavos hasta 1830, y quien también ejerció como Evaluador de la manumisión de esclavos en Palmira, Yunde y Caloto. La Trinidad, barrio ubicado alrededor de la capilla de La Santísima Trinidad, en tierras  de Maria Margarita Sánchez de Hoyos, dueña también del lote donde se formó el barrio el Salado. El barrio Santa Rosa, al occidente de la plaza, en tierras del Señor Gabriel de Francisco y Prado,  Procurador Municipal de Esclavos, y esposo de Doña Maria Margarita. Estos barrios conformaban el casco urbano de la Villa de Palmira, rodeada de pequeños y cercanos asentamientos poblacionales en los sitios de Yunde, El Obrero y Coronado, y a la vera del Camino Real que conducía a Guadalajara de Buga, Mirriñao y Zamorano. Asentamientos que se perdían  entre  los  inmensos potreros de las haciendas de La Benedicta, El Loreto, El Papayal, El Rincón, El Sauce, La Trinidad, San Pedro y Santa Bárbara.

La Palmira Centenaria de 1924 y los casi 35.000 habitantes, habían esperado a las 5:00 de la mañana, las descargas de fusileria disparadas por los  9 Policías Municipales y por los Soldados del Regimiento de Caballería Cabal número 3,  acantonado en la ciudad, quienes disparando sus armas, y con el tañer de las campanas de las tres iglesias, seguidas por la música de la Banda Municipal, habrían de dar la bienvenida al alba del 25 de Junio, día en que se iniciaban los festejos  y la Feria Artística, Industrial, Agrícola  y Pecuaria.

Por disposición del Alcalde, las casas se mostraban blanqueadas, los lotes con cercos arreglados  y  pintados,  los  andenes  y las tapias reparadas o recién hechas, formaban las 19 calles y 23 carreras que estaban empedradas,  bien aseadas y estrenando alcantarillado; unas calles apenas se estaban abriendo en el barrio de las Delicias, otras fastuosamente embellecidas como la calle 12 o Calle Real ( hoy calle 30) que había sido embellecida  desde la Estación del Ferrocarril, hasta la carrera 10ª,  en la Plazuela de la Trinidad.

Continua.

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